Enero17

lunes, 17 de julio de 2017

Atlacatl su estatua y su historia.


Cuando fui estudiante el Licenciado Menjivar un hombre con unos 80 años, encima y que sabía de historia de El Salvador por haberla vivido y leído aparte era experto y era el catedrático titular de la asignatura en mi universidad, mis compañeros y yo tuvimos la oportunidad de escucharle contar como vivió la masacre que hiciera Martinez y lo que él vio cuando era apenas un niño. 
De este hombre apasionado por la historia supe por primera vez que Atlacatl era un invento, que nunca existió ese personaje ni su enfrentamiento a los españoles, puesto que los pipiles fueron un pueblo que actuó diferente con los conquistadores. 
Años después me convertí en la catedrática de la asignatura de Historia de El Salvador, estudie e investigue mucho y no encontré nada que pruebe su existencia, solo desmentidas al escultor;  Armando Solís ,  escribió un libro con la biografia del escultor de la estatua Valentin Estrada llamado: “Yo, Atlacatl, memorias de un escultor”.

Existe una historia que circula en internet sobre el origen de la leyenda de Atlacatl,  que, no por circular tanto sea verdad. Se las dejo para que la conozcan: 



"Atlacatl y Atonal fueron producto de un error de traducción que sobre el “Memorial de Sololá” o “Memorial de Tecpán-Atitlán”, escrito en cachiquel, hiciera en 1856 el religioso francés Brasseur de Bourbourg. El Memorial recoge las tensiones de los quiché y cachiquel contra nuestros pipiles en alianza con los zutujiles. Los relatos del Memorial coinciden en términos generales con las narraciones que el propio Pedro de Alvarado hace en sus Cartas de Relación a Hernán Cortés.

En el párrafo 150 del Memorial, Brasseur de Bourbourg confunde el nombre Atlacat utilizado para denominar la región actual de Escuintla, Guatemala, donde había entonces un importante asentamiento pipil. Arbitrariament e, el monje francés inventa el de Atlacatl, “hombre de agua”. En otra interpretación posterior, de mal en peor, sustituye Atlacatl por Atonal, “sol de agua”.


Posteriores ediciones del Memorial reiteraron uno u otro error de Brasseur de Bourbourg, pues se mantuvieron fieles a su traducción francesa hasta la traducción directa que del cachiquel hiciera Adrián Recinos al español en 1950. A finales del Siglo XIX, a sabiendas que por las características de la conquista aquí y el grado de civilización escrita de los pipiles los nombres de los líderes indígenas se habían perdido posiblemente para siempre, Atlacatl comenzó a ser presentado como parte indiscutible de la mitología indígena y de la leyenda cuscatleca.

Jorge Lardé y Arthes en su obra de 1925, “Historia de Centroamérica”, llegó al extremo del delirio al inventar la existencia de dos Atlacatl: uno viejo, muerto por Alvarado, otro joven, líder de la resistencia anti-castellana. A Atonal lo convirtieron en el guerrero indígena desconocido que en la batalla de Acajutla hirió gravemente a Alvarado en su pierna, como él mismo lo reconoce en sus cartas a Cortés."





La estátua de Atlacatl realizada por el maestro escultor, don Valentín Estrada, quien es considerado “el escultor nacional”, porque, a diferencia de otros, la mayoría de sus obras fueron erigidas en sitios populares accesibles a la gente y es el único que ha hecho de la escultura una forma de preservar la idiosincrasia y el costumbrismo.
Estrada nació en 1902 y sus últimos días los vivió en Soyapango . Murió en 1987. 
Su más importante obra, sin duda alguna, es “Atlacatl” escultura fundida en bronce que mide 2.20 mts. y fue hecha en España en 1928. Fue traída desde la madre patria por gestiones del gobierno salvadoreño y a petición del mismo artista.


La escultura, fue bautizada con el nombre de Atlacatl, en honor del supuesto caudillo que lideró los ejércitos indígenas frente a la invasión española en el país, pero en realidad el monumento es el autorretrato de Valentín Estrada.

Armando Solís cuenta que durante varias entrevistas que sostuvo con su maestro logró arrancarle el secreto. “Él me contó que para moldear la escultura tenía que verse al espejo. Era su figura, su rostro decorado con un penacho de plumas en recuerdo de los pipiles originales que vinieron de México”, asegura.

Esas mismas plumas le trajeron duras críticas porque los intelectuales de la época se negaban a aceptar un indígena salvadoreña con tales atuendos; razón por la cual, el mismo Estrada se disfrazaba de esa forma en desfiles para convencer a la gente de la existencia de la figura. 

Durante años, la estatua permaneció en la Avenida Independencia hasta que en los años 70 fue trasladada a la colonia Atlacatl, donde todavía permanece en el parque centro de la comunidad.

Una réplica esculpida en piedra también se encuentra en Antiguo Cuscatlán. Ambas tienen la misma posición como guardianes, de espalda al sol.

Aunque sería idílico tener un personaje originario que haya luchado junto a los suyos para frenar a los españoles, al final es solo eso una historia que de tanto repetirla a muchos les gustaría que fuese verdad. 

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